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La revista Psicothema fue fundada en Asturias en 1989 y está editada conjuntamente por la Facultad y el Departamento de Psicología de la Universidad de Oviedo y el Colegio Oficial de Psicología del Principado de Asturias. Publica cuatro números al año.
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PSICOTHEMA
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Psicothema, 2006. Vol. Vol. 18 (nº 2). 187-193




ACTITUDES DE ACULTURACIÓN Y PREJUICIO: LA PERSPECTIVA DE AUTÓCTONOS E INMIGRANTES

Marisol Navas Luque, M. Carmen García Fernández, Antonio J. Rojas Tejada, Pablo Pumares Fernández e Isabel Cuadrado Guirado*

Universidad de Almería y * Universidad Nacional de Educación a Distancia

Este trabajo forma parte de una investigación más amplia sobre el proceso de aculturación a través de un nuevo modelo de aculturación. El objetivo es estudiar el prejuicio mutuo de dos grupos en la provincia de Almería (autóctonos e inmigrantes africanos) y conocer la relación entre esta variable y la actitud de aculturación preferida por ambas poblaciones. Se aplicó un cuestionario con diferentes escalas a cuatro grupos de personas residentes en municipios con altas tasas de inmigración africana (más del 10% de la población total): magrebíes, subsaharianos y españoles que evaluaban a inmigrantes magrebíes y a inmigrantes subsaharianos. Los resultados muestran que, en ambas poblaciones, las puntuaciones más bajas en prejuicio hacia el exogrupo las obtienen quienes prefieren la integración, mientras que las más altas proceden de quienes prefieren la exclusión/marginación.

Prejudice and attitudes of acculturation: perspectives of autochthonous and immigrants. This study is framed in a wider research on the acculturation process through a new acculturation model. The aim of this paper is to analyse the mutual prejudice between ethnic groups in contact and its relation to their preferred acculturation attitude. A questionnaire composed by various scales was given to four groups of people living in municipalities with high rate of African immigrants in Almería: Maghrebis, Sub-Saharans, Spaniards who evaluated the Maghreb out-group and Spaniards who responded on the Sub-Saharan out-group. The results obtained indicate a relation between prejudice and acculturation attitude, as the lowest scores in prejudice are hold in each group by people preferring integration, whilst the highest ones come from those who bow to exclusion/marginalisation.

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El prejuicio y la discriminación hacia los miembros de determinados grupos sociales han sido un importante objeto de estudio de la Psicología Social casi desde sus comienzos. Desde esta disciplina se han ofrecido multitud de definiciones del prejuicio, si bien existe bastante acuerdo en considerar que se trata de una actitud negativa hacia un grupo social o sus miembros por el hecho de pertenecer a ese grupo. En este sentido fueron formuladas las definiciones clásicas de Allport (1954) o Ashmore (1970). Durante las tres últimas décadas se han desarrollado algunas teorías que tratan de dar respuesta a la evolución, e incluso aparente desaparición, de los prejuicios raciales (especialmente los mantenidos hacia los afroamericanos en Estados Unidos). Bajo nombres como racismo simbólico, moderno o aversivo y prejuicio sutil o latente, diversos autores norteamericanos (por ejemplo, Gaertner y Dovidio, 1986; McConahay, 1986) y posteriormente europeos (por ejemplo, Pettigrew y Meertens, 1995) han descrito las características de esta nueva forma más sutil e indirecta de expresar el prejuicio hacia los exogrupos.

Al considerar el prejuicio como una actitud, los investigadores asumen que éste puede medirse utilizando los procedimientos tradicionales para su medición, esto es, las escalas de actitudes. Entre ellas, y relacionadas con las nuevas formas del prejuicio, merece la pena destacar las Escalas de prejuicio manifiesto y sutil elaboradas por Pettigrew y Meertens (1995) a partir de una investigación en cuatro países europeos. En los trabajos realizados hasta el momento en nuestro país adaptando y/o utilizando estas escalas (por ejemplo, Gómez y Huici, 1999; Gómez-Berrocal y Moya, 1999; Rueda y Navas, 1996) se ha comprobado su utilidad para medir el prejuicio de la población española hacia diversos colectivos —inmigrantes (magrebíes y subsaharianos) y gitanos, principalmente—. Por ello, se utilizarán también en la presente investigación, aunque con algunas modificaciones que describiremos posteriormente.

Una característica digna de mención de la mayor parte de las investigaciones sobre prejuicio y discriminación hasta los años noventa ha sido su carácter parcial o unilateral, es decir, la consideración de que el prejuicio se mantiene o se expresa únicamente desde el grupo mayoritario hacia el minoritario, y no a la inversa. Así, existen numerosas teorías que describen el contenido y tratan de explicar este prejuicio. Pero el punto de vista de los grupos minoritarios sólo se ha tenido en cuenta en lo que se refiere a su percepción de tal prejuicio, las diferentes explicaciones o atribuciones que hacen del mismo (por ejemplo, Quiles, Leyens y Rodríguez, 2001; Quiles, Leyens, Rodríguez, Betancor y Rodríguez, 2003), las repercusiones del prejuicio sobre su autoestima, su salud mental o su identificación étnica, y las formas de enfrentarse a la discriminación (por ejemplo, Quiles y Leyens, 2003; Swim y Stangor, 1998).

Los escasos trabajos realizados hasta el momento sobre las actitudes y el prejuicio de las minorías hacia las mayorías (por ejemplo, Brigham, 1993; Johnson y Lecci, 2003; Monteith y Spicer, 2000) muestran tanto componentes del prejuicio comunes para ambos grupos, como importantes diferencias —por ejemplo, que las actitudes de las personas negras hacia las blancas son más negativas y heterogéneas que al contrario, y que se basan fundamentalmente en las reacciones al prejuicio y la discriminación percibidos.

Por tanto, si bien resulta de gran interés estudiar el prejuicio que la población autóctona mantiene hacia los dos grupos de inmigrantes considerados en nuestro trabajo —magrebíes y subsaharianos—, es conveniente ir más allá, midiendo el prejuicio que los inmigrantes manifiestan hacia la sociedad de acogida. Así, de este modo, intentamos cubrir una laguna existente en la investigación psicosocial y, en segundo lugar, poner a prueba la adaptación de un instrumento para medir el prejuicio de los grupos étnicos minoritarios hacia el mayoritario en nuestro contexto social inmediato.

Las actitudes de aculturación y su relación con el prejuicio

La primera y más popular definición de la aculturación como proceso proviene del campo de la antropología social norteamericana. Es la ofrecida por Redfield, Linton y Herskovits en 1936, para quienes la aculturación comprende los fenómenos que resultan de un contacto continuo y directo entre grupos de individuos que tienen culturas diferentes, con los subsecuentes cambios en los patrones culturales originales de uno o ambos grupos (p. 149). Sin embargo, algunas décadas después, y desde una perspectiva psicológica (Graves, 1967), se defendió que la aculturación no sólo era un fenómeno cultural que afecta a los grupos en su conjunto, sino que se producía igualmente en los individuos a título personal, implicando una serie de cambios en actitudes, comportamientos, modos de vida, valores e identidad, entre otros (lo que se conoce como aculturación psicológica). En este contexto pueden situarse los trabajos de Berry y colaboradores, iniciados a mediados de los años setenta con diferentes grupos minoritarios, sobre el fenómeno de la aculturación y sus consecuencias psicológicas para las personas, que culminan en un modelo de aculturación ya clásico (Berry, Kim, Power, Young y Bujaki, 1989; Berry, 1990). El análisis conceptual de las actitudes de aculturación que se hace en este modelo ha tenido, y continúa teniendo, una enorme influencia sobre la teoría e investigación en este campo, no sólo en Norteamérica, sino también en Europa. Como se sabe, Berry propone dos dimensiones actitudinales independientes acerca de la forma de enfrentarse al proceso de aculturación: si los inmigrantes consideran su identidad cultural y sus costumbres lo suficientemente valiosas como para mantenerlas en la sociedad de acogida, y si las relaciones con otras personas o grupos de la sociedad de acogida son valiosas como para buscarlas y fomentarlas. La combinación de las respuestas a ambas dimensiones (Sí o No) da lugar a un modelo de cuatro posibles actitudes de aculturación: integración (Sí/Sí: mantenimiento de la identidad cultural del grupo minoritario a la vez que se produce una apertura y relación con los grupos de la sociedad de acogida), asimilación (No/Sí: deseo de abandonar la identidad cultural de origen y de orientarse hacia la sociedad de acogida), separación/segregación (Sí/No: mantenimiento de la identidad y tradiciones propias, sin relación del grupo minoritario con la sociedad de acogida, consecuencia de la voluntad del grupo minoritario en la separación y segregación cuando esta situación se debe al control ejercido por el grupo dominante) y marginación/exclusión (No/No: se produce marginación cuando los individuos o grupos minoritarios pierden el contacto cultural y psicológico tanto con su sociedad de origen como con la sociedad de acogida, y exclusión cuando viene impuesta por el grupo dominante, eliminando cualquier posibilidad del grupo subordinado de mantener sus propias raíces e introducirse en la nueva sociedad).

Un aspecto importante de los estudios sobre aculturación llevados a cabo con este modelo, y hasta finales de los años ochenta, es la consideración única y exclusiva del punto de vista de los grupos minoritarios en el proceso de aculturación. Es decir, a diferencia de lo que ocurría con las investigaciones sobre el prejuicio y la discriminación —centradas en los grupos dominantes—, en el estudio de la aculturación se ha seguido la secuencia inversa, considerando únicamente las formas de afrontar el proceso de aculturación por parte de los grupos subordinados. Así, hasta los años noventa no se empieza a tener en cuenta el punto de vista del grupo mayoritario o autóctono en el proceso de aculturación de los inmigrantes u otros grupos minoritarios (por ejemplo, Bourhis, Moïse, Perrault y Senécal, 1997; Piontkowski y Florack, 1995, Piontkowski, Florack, Hoelker y Obdrzálek, 2000).

Quizás ésta sea una de las razones por las que se han llevado a cabo muy pocos estudios desde una perspectiva psicosocial para tratar de relacionar la expresión de prejuicio de los grupos dominantes o mayoritarios hacia las minorías étnicas inmigrantes con las actitudes mantenidas hacia su proceso de aculturación (por ejemplo, Bourhis y Gagnon, 1994; Kalin y Berry, 1994; van Dick, Wagner, Adams y Petzel, 1997). Sus resultados muestran que, en general, el prejuicio se relaciona positivamente con las opciones de «segregar» o «asimilar» a los inmigrantes y negativamente con la opción de «integración» (a veces también con la «asimilación», sobre todo en valores vinculados a la familia), si bien es cierto que estas relaciones cambian dependiendo del grupo minoritario de que se trate.

Pese a que, como hemos señalado, se ha profundizado poco en el contenido de las actitudes de los grupos minoritarios hacia los mayoritarios, existen algunos intentos por relacionar ciertos componentes de las mismas con la forma que los inmigrantes tienen de enfrentarse al proceso de aculturación (por ejemplo, Zick, Wagner, van Dick y Petzel, 2001). En general, los niveles de prejuicio hacia la sociedad receptora suelen estar relacionados negativamente con la preferencia de los inmigrantes por la «integración».

Por todo ello, consideramos de capital importancia estudiar la relación entre el prejuicio y las actitudes de aculturación, tanto en los grupos mayoritarios como en los minoritarios. Parece lógico pensar que los niveles de prejuicio mutuo que ambas poblaciones en contacto mantengan, influirán en las opciones escogidas para llevar a cabo el proceso de aculturación. Así, las opciones de aculturación que los autóctonos prefieran para los inmigrantes se verán afectadas por el grado de prejuicio que experimenten hacia ellos. Y algo similar ocurrirá en los inmigrantes: sus actitudes prejuiciosas hacia el exogrupo mayoritario deben tener una más que probable influencia sobre las opciones escogidas por los inmigrantes para llevar a cabo su proceso de adaptación a una nueva sociedad.

La presente investigación tiene como objetivo fundamental comprobar que el grado de prejuicio que manifiestan las personas de dos poblaciones en contacto (autóctonos e inmigrantes magrebíes y subsaharianos) influye en el proceso de aculturación de los inmigrantes que se está produciendo en la provincia de Almería, más concretamente en las opciones de aculturación preferidas por ambos grupos de inmigrantes en su nueva sociedad y en las que los autóctonos desearían para ellos.

Teniendo en cuenta la literatura revisada, esperamos encontrar en la población autóctona una relación inversa entre el prejuicio en cualquiera de sus formas (manifiesto o sutil) y la actitud de aculturación de «integración» deseada por sus miembros para los inmigrantes. Por el contrario, los niveles más altos de prejuicio de los autóctonos hacia los inmigrantes estarán relacionados positivamente con su preferencia por «excluirles» en la sociedad de acogida, es decir, se dará una relación positiva entre el prejuicio y la opción de «exclusión». Esta última predicción no está respaldada por estudios previos, puesto que no se contemplaba en ellos la actitud de «exclusión». Sin embargo, nos parece de la mayor importancia explorar esta posibilidad, puesto que la «exclusión» es la opción más problemática respecto a la adaptación de los grupos minoritarios en la sociedad receptora.

Respecto al grupo inmigrante, no contamos con ninguna referencia previa para saber si existe o no prejuicio de los inmigrantes hacia los españoles ni, si fuera así, cuáles son sus componentes. No obstante, basándonos en la literatura comentada, esperamos encontrar una relación negativa entre el prejuicio que los inmigrantes manifiestan hacia los autóctonos y la preferencia, por parte de aquellos, de la «integración» en su proceso de aculturación.

Método

Participantes

Participaron en la investigación tanto personas autóctonas como inmigrantes, residentes en seis poblaciones de alta recepción de inmigrantes de la provincia de Almería (más del 10% de su población total). Los autóctonos fueron seleccionados aleatoriamente, mediante muestreo aleatorio estratificado por sexo y edad (con afijación proporcional) y en una última etapa por rutas aleatorias, entre los habitantes mayores de 18 años de cada municipio. Concretamente, participaron 783 almerienses, de los cuales 398 respondían sobre el exogrupo magrebí (grupo AM; edad media= 41 años; d.t.= 16.2) y 385 sobre el colectivo subsahariano (grupo AS; edad media= 42 años; d.t.= 17). En ambas submuestras el número de hombres y de mujeres fue del 50%. El error muestral asumido fue del ±3,5% (p= q= 0,5; nivel de confianza= 95%).

Las muestras de inmigrantes fueron seleccionadas de forma incidental de entre los dos colectivos más representativos en la provincia, magrebíes y subsaharianos, residentes en los municipios elegidos, intentando obtener un número similar de participantes a lo que hubiese resultado de ser posible un muestreo aleatorio. Así, se contó con 740 personas inmigrantes, de las cuales 397 eran de origen magrebí (grupo IM; 82% hombres y 18% mujeres; el 95% eran marroquíes) y 343 procedían del África subsahariana (grupo IM; 88% hombres y 12% mujeres; en su mayor parte de Senegal —un 46%—, y en porcentajes inferiores al 10% de Mali, Nigeria, Mauritania, Guinea, etc.), con una edad media de 31 años (d.t. de 6.3 para el grupo IM y de 5.3 para el grupo IS).

Variables e instrumentos

Las variables del estudio se midieron a través de un cuestionario compuesto por diferentes ítems y escalas, con dos versiones similares, una para inmigrantes y otra para autóctonos:

Actitudes generales de aculturación

Son las que adoptarían los inmigrantes si pudiesen elegir, y las que le gustaría a la población autóctona que los inmigrantes adoptasen. Para su medición se formularon dos preguntas generales basadas en el Modelo de aculturación de Berry, y adaptadas de Piontkowski y Florack (1995) para autóctonos e inmigrantes. La primera indagaba sobre la conservación de las costumbres del país de origen del inmigrante, y la segunda sobre el deseo de que los inmigrantes participen en la sociedad de acogida. Mediante la combinación de las respuestas a ambas preguntas (escala de respuesta desde 1 —muy en desacuerdo— hasta 5 —muy de acuerdo—) se situaba a cada individuo (autóctono o inmigrante) en un tipo distinto de actitud: integración, asimilación, separación/segregación o marginación/exclusión (véase Berry y cols., 1989).

Prejuicio

Para comprobar la existencia de actitudes prejuiciosas hacia el exogrupo en las muestras de inmigrantes y autóctonos, se incluyó en el cuestionario la adaptación a población española (Rueda y Navas, 1996) de las Escalas de Prejuicio Manifiesto y Sutil de Pettigrew y Meertens (1995), aunque con algunas modificaciones de forma (simplificando en lo posible tanto la formulación de los ítems como el vocabulario empleado, para adaptarlo a una muestra de un nivel cultural heterogéneo) en el caso de la muestra de autóctonos, y también de contenido (adaptando algunos ítems para los grupos inmigrantes, véase Navas, Pumares, Sánchez, García, Rojas, Cuadrado, Asensio y Fernández, 2004) en la muestra de inmigrantes. Concretamente, las subescalas utilizadas fueron las siguientes:

Prejuicio manifiesto

(Escala de respuesta desde 1 —muy en desacuerdo— hasta 5 —muy de acuerdo—). Subescala de Amenaza y Rechazo (6 ítems): mide el rechazo abierto al exogrupo y la percepción de amenaza por parte del exogrupo a los recursos (por ejemplo, económicos, sociales, etc.) del endogrupo. Subescala de Intimidad (5 ítems): mide el rechazo al contacto y a las relaciones cercanas con el exogrupo.

Prejuicio sutil

(Escala de respuesta desde 1 —muy en desacuerdo— o —ninguna vez— hasta 5 —muy de acuerdo— o —muchas veces—). Subescala de Valores Tradicionales (4 ítems): mide la defensa de los valores tradicionales del endogrupo, junto con la percepción de que el exogrupo no los respeta. Subescala de Diferencias Culturales (7 ítems): mide la percepción exagerada de las diferencias culturales entre endogrupo y exogrupo —en ámbitos como alimentación, valores, educación, etc.—. Subescala de Prejuicio Afectivo (2 ítems): mide la expresión de emociones positivas hacia el exogrupo. Subescala de Emociones Negativas Sutiles (5 ítems): mide la expresión de emociones negativas no abiertamente hostiles hacia el exogrupo (Dovidio y Gaertner, 1986).

Finalmente, se incluyeron las variables sociodemográficas habituales en este tipo de investigación (edad, sexo, estado civil, ocupación, religión, etc.).

Procedimiento

El cuestionario se administró de forma individualizada por personal formado al efecto, bien en el domicilio particular de la persona (para los autóctonos), bien en asociaciones sindicales o de inmigrantes, o en alguna ONG (para los inmigrantes). En todos los casos se utilizó el cuestionario en idioma español, aplicándose, en las muestras de inmigrantes, por personas magrebíes y subsaharianas.

Resultados

Estimación de la fiabilidad de las escalas

Para las muestras de población autóctona, los coeficientes de fiabilidad estimados (alpha de Cronbach) resultaron adecuados para todas las subescalas de Prejuicio Manifiesto y Sutil (véase tabla 1). Los valores oscilaron entre 0.74 y 0.86 para el grupo AM, y entre 0.71 y 0.86 para el grupo AS, excepto para valores tradicionales (0.57 en AM y 0.47 en AS). Por ello, se decidió prescindir de esta subescala de Prejuicio Sutil en los siguientes análisis. Asimismo, se obtuvo una puntuación global de prejuicio manifiesto para cada participante, dados los coeficientes de fiabilidad estimados en cada subescala (entre 0.74 y 0.86).

En el caso de las muestras de inmigrantes que evaluaban a la población autóctona, los coeficientes de fiabilidad estimados (alpha de Cronbach) fueron adecuados para ambas, magrebíes (grupo IM, valores entre 0.62 y 0.81) y subsaharianos (grupo IS, valores entre 0.69 y 0.90), excepto para la subescala de amenaza y rechazo de Prejuicio Manifiesto (0.29 para ambos grupos) y para la de valores tradicionales de Prejuicio Sutil (0.27 para IM; 0.45 para IS). Así, sólo se considerarán las puntuaciones obtenidas por las muestras de inmigrantes en las restantes subescalas.

Relación prejuicio-actitud de aculturación. Población autóctona

Se relacionaron los niveles de prejuicio manifiesto y sutil expresados por los autóctonos con su actitud de aculturación general hacia los inmigrantes magrebíes o subsaharianos, con el fin de comprobar si las diferencias entre los grupos establecidos por las distintas opciones de aculturación eran significativas. Las puntuaciones medias de cada muestra en las distintas subescalas de prejuicio en función de la actitud de aculturación preferida pueden verse en la figura 1. Para realizar estos análisis se consideraron exclusivamente los resultados de quienes optaron claramente por una de las cuatro actitudes, es decir, se excluyó a los participantes que obtuvieron una puntuación intermedia en alguna de las dos preguntas sobre la actitud de aculturación general. Así, la muestra de autóctonos quedó reducida a 485 participantes, de los cuales 248 (51,1%) evaluaban a magrebíes y 237 (48,9%) evaluaban a subsaharianos.

Respecto a la muestra de autóctonos que evaluaba a inmigrantes magrebíes, las actitudes de aculturación produjeron diferencias estadísticamente significativas en las puntuaciones de todas las subescalas de prejuicio utilizadas (Prejuicio Manifiesto: F(3, 242)= 38.64; p<0.001; diferencias culturales: F(3, 242)= 9.196; p<0.001; prejuicio afectivo: F(3, 241)= 25.95; p<0.001; y emociones negativas sutiles: F(3, 241)= 18.175; p<0.001). Las comparaciones múltiples a posteriori mediante la prueba de Scheffé mostraron que, en todos los casos, los partidarios de la «exclusión» de los inmigrantes magrebíes obtienen una puntuación significativamente superior en estas escalas respecto a quienes optan por la «asimilación» o la «integración».

En el caso de la muestra de autóctonos que tomaban como exogrupo de referencia a los inmigrantes subsaharianos, también aparecieron diferencias estadísticamente significativas entre los grupos en las puntuaciones medias de todas las subescalas de prejuicio en función de la actitud de aculturación elegida (Prejuicio Manifiesto: F(3, 232)= 28.103; p<0.001; diferencias culturales: F(3, 230)= 8.10; p<0.001; prejuicio afectivo: F(3, 231)= 9.331; p<0.001; y emociones negativas sutiles: F(3, 230)= 8.93; p<0.001). En todos los casos, los partidarios de la «exclusión» de los inmigrantes subsaharianos obtuvieron puntuaciones más altas que quienes preferían la «asimilación» y la «integración».

Se podría afirmar que, en general, obtuvieron las puntuaciones más altas en todos los componentes del prejuicio las personas que preferían la «exclusión» de los inmigrantes —magrebíes o subsaharianos—, y las más bajas las personas partidarias de «integrarles», y en algunos casos también de «asimilarles».

Relación prejuicio-actitud de aculturación. Población inmigrante

Las puntuaciones medias obtenidas por los dos grupos de inmigrantes en cada subescala de prejuicio, agrupadas en función de la actitud de aculturación preferida, se presentan en la figura 2. Al considerar para los análisis exclusivamente a los participantes que optaron de forma clara por una de las cuatro actitudes de aculturación, la muestra inicial de inmigrantes quedó reducida a 381 participantes, de los cuales 202 (el 53%) procedían de algún país del Magreb y 179 (el 47%) eran de origen subsahariano.

Para la muestra de inmigrantes magrebíes, las diferencias de medias fueron estadísticamente significativas sólo para la subescala de emociones negativas sutiles (F(3, 197)= 6.323; p<0.001), de manera que los partidarios de la «marginación» obtuvieron una puntuación más alta en esta escala de prejuicio sutil respecto a quienes querían «integrarse», pero no se diferenciaron de forma significativa de los que preferían la «separación» o la «asimilación». Por tanto, los inmigrantes magrebíes partidarios de alejarse, tanto de su cultura de origen como de la sociedad de acogida («marginación»), experimentan emociones negativas sutiles hacia la población autóctona en mayor grado que quienes desean mantener su cultura y adoptar también la de la sociedad de acogida («integración»).

Respecto a los inmigrantes subsaharianos, las diferencias en función de la actitud de aculturación preferida fueron estadísticamente significativas para la subescala de intimidad (F(3, 175)= 12.92; p<0.001), y para la de emociones negativas sutiles (F(3, 175)= 5.150; p<0.005). En intimidad, los partidarios de la «marginación», y también quienes optaron por la «separación», obtuvieron una puntuación mayor que quienes querían «asimilarse» o «integrarse». Es decir, las opciones que implican la renuncia a participar en la sociedad de acogida, con o sin mantenimiento de las costumbres propias, están relacionadas con un mayor rechazo a la intimidad con autóctonos. Por otra parte, las diferencias en emociones negativas sutiles se dieron entre los partidarios de la «marginación» y quienes optaron por la «asimilación» o la «integración», con valores mayores en la primera opción. En otras palabras, el mayor grado de expresión de este tipo de emociones se produjo entre quienes renuncian a ambas culturas.

Resumiendo, parece que en las muestras de inmigrantes está menos clara la relación entre el prejuicio hacia el exogrupo y la actitud de aculturación general. Sólo el grado en que se expresan determinadas emociones negativas sutiles hacia los autóctonos varía de acuerdo con la opción de aculturación preferida en los dos grupos de inmigrantes. Entre los subsaharianos también la intimidad que están dispuestos a aceptar con los autóctonos se relaciona con sus deseos respecto al proceso de aculturación. No obstante, la coincidencia con los resultados de población autóctona se da en cuanto a las dos opciones de aculturación relacionadas con los niveles mayores y menores de prejuicio: «marginación» e «integración», respectivamente.

Discusión

El análisis de la relación entre el prejuicio y la actitud de aculturación general escogida para cada grupo de inmigrantes ha mostrado que el prejuicio experimentado por los autóctonos, independientemente de que se exprese de forma manifiesta o sutil, muestra grados diferentes en función de las actitudes hacia el proceso de aculturación de los inmigrantes. En general, tal y como predecíamos, las puntuaciones más altas de prejuicio (manifiesto o sutil) se relacionan con un deseo de «excluir» (también de «segregar» en el caso del prejuicio afectivo) a ambos grupos de inmigrantes, mientras que las más bajas están relacionadas con una preferencia por su «integración» y, en algunos casos, por su «asimilación» o «segregación» —concretamente, en la muestra que evaluaba a subsaharianos, en la escala de prejuicio manifiesto y en la subescala de diferencias culturales, en las que las puntuaciones más altas aparecen ligadas a la actitud de «exclusión», y las más bajas a alguna de las otras tres actitudes.

Por tanto, las conclusiones principales respecto a la población autóctona pueden resumirse en dos. En primer lugar, la relación del prejuicio con las actitudes de aculturación es similar en ambas muestras de autóctonos, independientemente de cuál sea el exogrupo evaluado (magrebíes o subsaharianos). En segundo lugar, no hay diferencias entre prejuicio manifiesto y sutil en cuanto a la actitud de aculturación que se prefiere para los inmigrantes en cada caso. Los niveles altos de ambos tipos de prejuicio siempre se relacionan con la «exclusión», y los bajos con la «integración». Es importante señalar que, aunque la relación obtenida en nuestra investigación entre el bajo prejuicio y la actitud de «integración» era predecible teniendo en cuenta estudios previos realizados en otros contextos, el resultado obtenido respecto a la preferencia por la «exclusión» y su relación con niveles altos de prejuicio es novedoso —ya que en dichos estudios no se contemplaba la «exclusión» como posible actitud de los autóctonos—, y confirma nuestra hipótesis de partida.

El estudio realizado con inmigrantes tuvo un carácter más exploratorio. Por una parte, no se contaba apenas con referencias sobre las actitudes de estos colectivos hacia la población autóctona, ni en nuestro contexto ni en otros. Por otra, se trató de poner a prueba una adaptación de las Escalas de Prejuicio Manifiesto y Sutil, realizada ad hoc. Estas escalas fueron construidas para evaluar el prejuicio del grupo mayoritario y dominante hacia los minoritarios y subordinados, por lo que el contenido de las actitudes de los inmigrantes no tenía por qué responder al contemplado en las escalas. Así sucedió, de hecho, con dos de las subescalas: amenaza y rechazo, y valores tradicionales, cuya escasa fiabilidad provocó su eliminación de análisis posteriores. En cambio, sí se encontró una adecuada fiabilidad estimada en las subescalas de intimidad, diferencias culturales, prejuicio afectivo y emociones negativas sutiles. Este resultado confirma la existencia de ciertos contenidos similares en las actitudes recíprocas de grupos de diferente estatus (Brigham, 1993; Monteith y Spicer, 2000).

También en el caso de los inmigrantes se encontró relación entre su nivel de prejuicio y sus actitudes de aculturación. No obstante, esta relación se dio sólo en algunos de los componentes del prejuicio medidos. En la muestra de inmigrantes subsaharianos, aquellos que manifestaron un mayor rechazo a la intimidad con los autóctonos son los que no desean participar en la sociedad de acogida (bien a través de la «marginación» o de la «separación»). Respecto a las emociones negativas sutiles, en ambos grupos de inmigrantes las expresaron en mayor medida los partidarios de la «marginación», en contraste con los que querían la «asimilación» (en el grupo IS), la «separación» (en el grupo IM) o la «integración» (en ambos grupos).

Los resultados expuestos confirman la necesidad de tener en cuenta las actitudes recíprocas de los grupos en contacto cuando se estudia el proceso de aculturación. Existen, en este sentido, factores de tipo psicosocial como el prejuicio que desempeñan un importante papel en los deseos de cada colectivo a la hora de plantearse la adaptación de los inmigrantes a la sociedad de acogida. Asimismo, nuestros resultados apuntan hacia la existencia de una mayor relación entre el prejuicio y la actitud de aculturación general entre los autóctonos que entre los inmigrantes. Esto puede deberse a la ausencia de un instrumento de medida que recoja adecuadamente todo el contenido de las actitudes de un grupo minoritario —los inmigrantes— hacia el grupo mayoritario de autóctonos —las escalas empleadas en esta investigación han sido adaptadas a partir de escalas construidas originalmente para el grupo mayoritario—. Pero cabe otra posible explicación a estos resultados: que las actitudes hacia el exogrupo (el prejuicio) en el caso de los colectivos inmigrantes influyan menos a la hora de elegir la forma de adaptarse a su nueva sociedad. Es posible que existan otras variables psicosociales, como el sesgo endogrupal, el contacto con los autóctonos, la permeabilidad de los límites grupales, el orgullo de pertenencia al endogrupo o la vitalidad endogrupal percibida, entre otras (por ejemplo, Navas y cols., 2004; Rojas, García y Navas, 2003), que puedan predecir con mayor intensidad la preferencia por una opción de aculturación u otra.

Nota

Este trabajo ha sido realizado gracias a un proyecto financiado, para el período 1999-2002, por el CICYT (Subdirección General de Proyectos de Investigación Científica y Técnica), dentro del Programa Nacional de Estudios Sociales y Económicos (SEC99-0425).

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